Diez años después de nuestra huida de Grange Hall, Peter y yo, junto a mi hermano Ben, ya nos hemos acostumbrado a nuestra nueva vida. Peter y yo vamos a tener un hijo. Ya no nos intimida Ahora ya casi nadie toma los fármacos de Longevidad, se están empezando a prohibir por que, la gente, iba perdiendo motivación e interés por conseguir nuevas metas. Todo era demasiado fácil, no había ningún contratiempo, la vida así era demasiado monótona y aburrida. La gente se fue volviendo cada vez más y más perezosa y cada vez le costaba más tomar decisiones por sí mismos. La población envejecía a pasos agigantados, en los parques no había niños jugando, la gente no parecía tan feliz. Hasta que un día, los del Movimiento Subterráneo empezaron a hacer campañas a favor de la infancia, de las ventajas de la juventud del derecho de todos a vivir y opinar de forma diferente a la de los “legales”, de la alegría de ser padres, abuelos, tíos, y todo lo que conlleva vivir rodeados de niños y jóvenes y la obligación de morir, de unos, para que otros nazcan y vivan. Un número elevado de gente se revolucionó contra las Autoridades, que también tomaban los fármacos, y a los cuales también les costaba mucho hacer su trabajo por apatía y falta de interés y no opusieron mucha resistencia. El caso es que ahora ya casi nadie toma los fármacos y las cosas han vuelto a la normalidad que la gente tanto añoraba.
Peter y yo somos muy felices, yo disfruto cada día de mi nueva vida, y no tengo miedo de envejecer y de morir.
Voy a volver a nacer con el nacimiento de nuestro hijo. Voy a disfrutar viéndole crecer, y dándole todo mi cariño, un cariño que por desgracia yo no tuve.
Estoy ansiosa de ver su carita, y cada día sueño con jugar con él y hacerle feliz.
Ahora todo es como siempre tendría que haber sido, la vida sigue su curso.
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