dilluns, 29 de novembre del 2010

Yo no tengo la culpa de estar aquí. No pedí nacer, lo que tampoco mejora el hecho de que naciera.

Sin embargo estoy aquí. Vivo en Inglaterra, en uno de los barrios más pobres de la ciudad, en una casa que se cae a trozos, junto a mi madre y mis cinco hermanos y hermanas. Yo no conocí a mi padre, por lo tanto mis hermanos tampoco pese a que yo soy la mayor de los seis, cosa que también tuvo malas consecuencias. He estado trabajando desde los diez años junto a mi madre, buscando trabajo, pidiendo por las calles, mal viviendo…
Cuando yo cumplí los quince años, los de los servicios sociales nos encontraron y nos llevaron a un orfanato donde poco a poco fui viendo como se iban llevando a mis hermanos y hermanas y nos iban separando. Tampoco volví a ver a mi madre.  Al cumplir los dieciséis me echaron del orfanato donde vivía y tuve que buscarme la vida para sobrevivir en las frías y mugrientas calles de Inglaterra. Hice lo posible para conseguir un trabajo, pero nadie quería a una niña desamparada, mugrienta y sin estudios.
Cada día pensaba en mis hermanos, en la suerte que tuvieron en ser los pequeños y haber tenido unos mínimos estudios que les proporcionó la escuela pública del barrio. En la suerte que tuvieron en ser los elegidos por la gente que iba a visitar el orfanato. En como y donde estaría mi madre y si me vendría a recoger algún día.
Los días pasaban y yo no encontraba trabajo, y no tenia ni comida ni dinero. Notaba como me estaba quedando sin fuerzas. En ese preciso instante una chica unos años más joven que yo se acercó y me trajo un gran trozo de pan y un billete de cinco euros. Alcé la mirada cansada de no dormir y… Esa chica, me sonaba muchísimo, era mi hermana Emily. Ella al mirarme no acabó de reconocerme pero a los cinco minutos de cruzarnos las miradas se dio cuenta de quien era. Ella fue corriendo  a decírselo a sus nuevos padres adoptivos que la estaban esperando en un puesto de verdura. Ellos volvieron corriendo a buscarme, me llevaron a su casa donde me limpiaron, me alimentaron y me dieron ropa nueva, me ofrecieron una nueva oportunidad.
Ahora unos años después soy feliz. No había empezado a vivir la vida hasta el día que me encontraron tirada en una calle y me llevaron a su casa. Se lo debo todo a ellos.